Porqué no todo debería poder venderse.

A Sir William Petty, el médico, profesor de música y terrateniente inglés que se diera tiempo, entre otras cosas, para inventar a lo que Adam Smith daría después exitosa carta de presentación con La riqueza de las naciones, se atribuye la postulación de mucho de lo que aún desvela a muchos economistas actuales.

Tanto en las ideas de Petty como en las de Smith la aproximación a los hechos que atañían a la sociedad de su tiempo adquirió con posterioridad una fuerza que sólo se explica por la raíz profundamente filosófica —e ineludiblemente moral— de lo que hasta el siglo XIX fue nominado como economía política. El mercado, en el sentido que le otorgaron esos llamados “padres” de la economía, no era necesariamente sólo un espacio de concurrencia para oferentes y demandantes. Era por sobre todo un ámbito donde podrían manifestarse cabalmente las relaciones sociales vigentes.

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Debra Satz, Por qué algunas cosas no deberían estar en venta. Los límites morales al mercado, México, Siglo XXI, 2015, 304 pp.

Hablar de filosofía y de moral en liga indisoluble con la economía obliga, por otra parte, a retrotraernos al pasado. Concretamente, a los siglos que precedieron al siglo XVI, cuando en Occidente no existía aún una división tajante entre filosofía y política, y la economía no figuraba como disciplina propiamente dicha. A ese esfuerzo por vincular una vez más a la rama económica con el tronco del que comenzó a escindirse en la etapa tardía de la Edad Media, a esa visión que intenta restaurar la base normativa del andamiaje pretendidamente aséptico e institucionalizado que los siglos XVI y XVII comenzarían a imprimir en la vida económica del mundo —y de lo cual, en The Great Transformation, Karl Polanyi, ese aguerrido antieconomicista austriaco, dio cuenta a mediados de la pasada centuria— corresponde el trabajo académico e intelectual que ha venido desarrollando la profesora estadunidense Debra Satz.

En 2010, esta mujer que funge actualmente como directora del Centro de Ética de la Universidad de Stanford, publicó en inglés el libro que en español se publicó en 2015 con el título sugestivo de Por qué algunas cosas no deberían estar en venta. “Algunos mercados —escribe Satz— malogran capacidades humanas deseables, otros influyen sobre las preferencias de la población de manera problemática y algunos de ellos fomentan la existencia de relaciones jerárquicas objetables entre las personas.” De este planteamiento inicial, la también docente y cofundadora del Hope House Scholars Program,* un programa de Stanford que desde 2001 ha buscado contribuir a través de la impartición de cursos de ética, justicia social y responsabilidad moral,  con la rehabilitación de muchas mujeres adictas al alcohol y las drogas, procede a formular la tesis principal del libro. Afirma Satz: “Para evaluar mercados, debemos tener en cuenta no sólo la producción y distribución de bienes, sino también las relaciones sociales y políticas que los distintos mercados sostienen y fomentan…Tenemos que analizar cómo influyen los diversos mercados en las normas sociales que rigen nuestras interrelaciones personales.”

No es, pues, el mercado en abstracto lo que, conforme a esta postura tan cara a la american philosophy del último tercio del siglo XX (más vinculada a los asuntos públicos y sociales que a los conceptos y a las nociones propiamente teóricas del análisis filosófico, y entre cuyos nombres se encuentran fundamentalmente los de Ayn Rand, John Rawls y Robert Nozick) lo que constituye la armazón argumental de este libro. A diferencia de los planteamientos objetivistas de la autora de La rebelión de Atlas en torno al “egoísmo ético”, Satz cree en la absoluta inmoralidad de las posturas ultraliberales. La ética individualista y el laissez faire tienen justificación, sí, pero en cuanto conducen a la conformación de mercados socialmente igualitarios, en el sentido de que otorgan a los participantes condiciones de igualdad frente a las circunstancias “políticas y relacionales” derivadas de su interacción dentro de mercados específicos.

Lo que para Rand y su filosofía objetivista hubiera resultado completamente justificable en el ámbito político-económico —la maximización de los derechos individuales a partir de la propiedad privada y la preminencia de ese capitalismo que los economistas clásicos (con Adam Smith, Marx y David Ricardo a la cabeza) se encargaron en su momento de problematizar—, para Satz resulta ser indefendible. Impensable por eso, para un enfoque como el suyo, que desde la filosofía política intenta contribuir a reinstalar el nexo alguna vez férreamente entramado entre economía y sociedad, no plantearse el inveterado conflicto entre capital y trabajo.

En ese sentido, la también autora de un conjunto de textos alrededor del papel de la desigualdad en el atraso educativo y de la lucha feminista por lo que se ha denominado el empoderamiento de las mujeres en el escenario conflictivo del siglo XXI, demuestra no creer en este libro en soluciones que partan del solipsismo economicista. Se identifica, en cambio, con aquellas posturas que apelan a la idea de la justicia distributiva y que se preguntan, por principio de cuentas, por la propia noción de justicia. Con John Rawls —ese otro exponente de la filosofía política norteamericana reciente— cree que la justicia es el otro nombre de la equidad. Y como el autor del ya ineludible Teoría de la justicia, desemboca inevitablemente en los mecanismos que debieran posibilitar en las sociedades contemporáneas la existencia de condiciones de igualdad entre desiguales por su posición social o económica.

Así llega Satz al núcleo de la tesis contenida en el libro. Si el mercado, visto así en abstracto, por sí solo es insuficiente para asegurar la igualdad política y relacional de quienes concurren en él, habrá que buscar en las especificidades de determinados mercados las vías alternas para nivelar en el terreno de la justicia social, lo que resulta ser a todas luces social —y moralmente— inadmisible. La óptica filosófica desde la que escribe esta scholar del campus universitario americano le permite llegar a la conclusión de que en mercados donde la indefensión de algunas de las partes frente a la contraparte es innegable, la imposibilidad del trato igualitario es una constante. Ocurre así en esos mercados nocivos a los que se aproxima y para los que concluye que en ellos hay cosas que el dinero no debería comprar. Mercados nocivos son, entre otros, el de órganos humanos, el del trabajo infantil, el de los desechos tóxicos y el del sexo. Lo son, en esencia, porque —afirma Satz—en ellos el intercambio sólo es posible a partir de “la desesperación, la humillación o la súplica” y porque sus “términos de redención involucran la servidumbre o la esclavitud…” Se trata, pues, de fijar esos desdibujados límites al mercado que, por lo que atañe a la relación entre partes extremadamente dispares, la teoría económica convencional no ha sabido establecer.

Lo que Satz ha hecho con esta elaboración teórica de un marco para la identificación y la regulación de un mercado nocivo no es cosa menor (más allá de que se trate de planteamientos que rozan fácilmente el campo de lo políticamente correcto). La suya es una dilucidación sobre los riesgos de permitir en el siglo XXI la existencia continuada de determinados mercados: el cambio en los derechos de propiedad, la centralización de la información en pocas manos y la existencia de un entorno político-cultural que alienta —antidemocráticamente— el predominio de relaciones jerárquicas entre distintos actores sociales son razones de peso para repensar fenómenos como los que en el siglo XVI ocuparon la atención de una economía política fundada sobre la base de la filosofía moral.

¿Es posible en un tiempo de cambio vertiginoso y de extrema concentración de la riqueza, como el nuestro, la clase de igualitarismo propuesto por esta profesora estadunidense? A juzgar por lo observado en ámbitos como el de la eventual despenalización de las drogas (lo que ocurre en México con la marihuana es ya una referencia ineludible), el tráfico de personas y el abuso en la contratación de trabajadores en condiciones sumamente desventajosas (el caso, visible en 2015, de los jornaleros de San Quintín es otro oportuno ejemplo mexicano de ese intercambio sumamente desigual al que alude Satz) no sólo es posible sino imprescindible. Alentar la permanencia y la expansión de mercados en los que se comercia con aquello que no debería poder venderse —la dignidad, la integridad, la seguridad— además de perjudicial es potencialmente antidemocrático y eso no puede ser excluido de los debates políticos, jurídicos, académicos e intelectuales, tan dados a ocuparse de asuntos que en sí mismos constituyen verdaderos dilemas sobre la clase de sociedad que somos o desearíamos ser.

Intentar devolver al pensamiento económico un poco del carácter holístico y normativo que lo caracterizó durante los primeros dos siglos de su existencia no deja de estar en armonía con los esfuerzos por hallar alternativas al mercado como sistema que —en términos de Polanyi— tiende a suboptimizar una variedad de sistemas sociales y ecológicos en pro de optimizar la producción y el intercambio de valores monetizados. La aparición de títulos como el de Debra Satz, a tono con un conjunto de ideas alrededor de esa concepción, no puede sino probar que algo anómalo se oculta detrás del afán de venderlo todo. Acaso la insania de no comprender que, en última instancia, las cosas que no deberían venderse no son cosas: atañen fundamentalmente a la gente.

* https://ethicsinsociety.stanford.edu/beyond-the-farm/hope-house-scholars-program

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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