Gitana*

 

carmen

Un coso en la Sevilla esplendorosa.
Un olor a fiesta y a tragedia.
La gitanilla ha llegado puntual a su cita con la locura,
con el desparpajo que festeja del matador hasta su nombre.

La gitanilla no sabe que hasta allí ha llegado también el rostro de una pasión que se confunde con la infinitud de rostros en la plaza.
No sabe que ese rostro la persigue desde los tiempos en que la soledad tenía otro nombre y era el despecho una forma secreta del martirio.

La gitanilla no sabe tantas cosas.
También ignora —por ejemplo— que una amenaza es la sombra alargada de un cuchillo y que esa sombra es quizá el reflejo de un hombre moribundo.

La gitanilla ha visto ya esa forma apenas asomada en el pozo sin fondo de unos naipes, en el adivinar secreto de las cosas.
Ha visto la materia convertida en un soplo de vida, en un trozo de tela arrancado al gran lienzo que exhibe la tragedia.

Escucha, presta atención a las palabras que llegan hasta ella como alud, como viento que desperdiga su furia contenida.

Escucha pero no cede al ruego que la llama al borde del espasmo, de la palabra que pronto ha de guardar silencio para volverse fuego, piedra rodante en un desfiladero.

Después de las palabras, todo será una inútil profusión
de humo y de ceniza.
Hablará el cuchillo con su tronante voz desencajada y callará el estruendo.
Después de las palabras sólo la voz de los amantes silenciados hablará con su palabra muda.
Después de las palabras, esta plaza no será sino una inmensa sepultura erigida en honor a los amores imposibles.

* Basado en el acto IV de la ópera Carmen, incluido en el libro Arias, en proceso de preparación.

Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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