Diario peligroso. Día 61.

Fotografía de Juan de Jesús López

Visito de noche, en su casa, al poeta Teodosio García Ruiz. Me recibe con amabilidad, luego de que lo encuentro en el corredor y en la tiniebla de su ceguera (ceguera que a últimas fechas se ha acompañado —me dice— de complicaciones en su ya quebrantada salud: a los efectos propios de la diabetes se han venido a sumar en él las frecuentes neuropatías que le hacen sentir dolor y pérdida de algunos de sus reflejos).

Desde que las padece, Teo dice sufrir de indigestión, de náuseas y de vómito; le cuesta caminar porque también sus piernas parecen haberse adormecido (de hecho, cuando camina, lo hace de un modo extraño, teniendo que apoyarse de algo o de alguien, como si llevara unos zancos invisibles). Conversamos en el corredor de su vivienda, situada a la orilla de la calle principal del fraccionamiento de interés social que escogió para vivir: kilómetro 15, le llaman. Es la víspera del día nacional de la Virgen de Guadalupe. El sonido proveniente de los carros que circulan a esas horas por la calle es una constante, así que hay que procurar aislarse un poco de la distracción que eso supone para concentrarse en lo que cada cual dice.

Hablamos de su mal, pero no tanto. Porque hablar de su enfermedad, cuando es evidente que él está enfermo de modo irremediable es un mal gusto en el que no estoy dispuesto a incurrir. En realidad, principalmente preferimos hablar de literatura y de libros. Teo sigue leyendo —aunque de oídas— gracias a un software que dice que le regaló doña Julieta Campos de González Pedrero en tiempos en que fue funcionaria de gobierno en el Distrito Federal (bajo la jefatura de López Obrador). Me cuenta que está estudiando un doctorado en docencia y que por eso ha estado leyendo muchos libros que no son precisamente de literatura.

Hablamos también de algunos miembros de “la perrada” (es decir, de otros amigos de ese gremio inexistente y multiforme que, al amparo de la amistad, hemos llegado a formar en Tabasco los afectos a la escritura): de Fernando Nieto Cadena, de Jorge Priego, de Ramón Bolívar. De todos habla mal y yo escucho lo que dice de ellos con una mezcla de curiosidad insana y de fascinación porque creo que la severidad con que lo hace está libre de hipocresías (que no diga a quienes critica todo lo que piensa de ellos es una cosa muy distinta). Hablamos igualmente de una compañera del medio literario que a los dos atrae y a la que le ha dado a últimas fechas por escribir textos abiertamente eróticos. “El alter ego del chochito”, dice pícaramente.  

Teo me habla también de una serie de textos que está dispuesto a compartirme. Se trata de un conjunto de correos sobre salud integral que podría enviarme por email; a cambio, yo le prometo unas copias con los ejercicios gimnásticos que trato de practicar todos los días y que quizás podrían servirle en su búsqueda de mantener la poca salud que a él le queda. Él me lo agradece. En algún momento, y de manera inesperada, me habla de sus deseos de morir. “Yo me voy a suicidar”, me dice. Y yo no sé qué decirle. Comprendo que su estado —esa imposibilidad de valerse por sí mismo, el sufrimiento que se inflige a sí mismo y a quienes viven con él, los frecuentes ataques de dolor y de ansiedad que padece— podrían justificar su decisión, así que ni siquiera me atrevo a tratar de disuadirlo abiertamente.

Me voy por las ramas con Teo. Escucho lo que me dice y creo que lo mejor ante su deseo de muerte es transmitirle un poco de ánimo, de paz a su atribulado espíritu a través de una conversación que quizás pueda resultar inteligente. Pero no creo conseguirlo.

De su casa salgo con la sensación de que no he hecho absolutamente nada por aliviar lo que Teo siente y que en cambio he sido un hipócrita al pretender convencerlo a él —y a mí mismo— de que he llegado a su casa para aliviar un poco su desesperación irremediable. Ni siquiera sé a estas alturas si sirve de algo el que me haya confesado su deseo manifiesto de quitarse la vida.

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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