La enrama a la virgen del Carmen, en Tapotzingo.

En esta su primera bitácora de viaje de 2023, Rolando García de la Cruz se interna en territorio tabasqueño para atestiguar la celebración de la enrama a la virgen del Carmen, en el poblado de Tapotzingo, Nacajuca. Fervor religioso, fiesta y tradición son parte de una devoción que data de muchos años atrás y que nuestro viajero intenta descifrar con un ánimo se diría que antropológico.

A pesar de lo nublado, el día era caluroso cuando llegué a Tapotzingo, luego de un viaje de media hora desde Villahermosa.

Las calles aledañas a la ermita de la Inmaculada Concepción de María eran invadidas por juegos mecánicos, puestos de pan y de ropa. Hasta las pizzas Kalimán estaban ahí, entre otros artículos que se estilan en las ferias.

En la entrada de la iglesia una banda musical descansaba, mientras dentro otra estaba tocando. Hoy es la víspera de la fiesta patronal de Nuestra Señora del Carmen. La imagen estaba bajo un arco de flores blancas con hojas muy verdes; a sus pies un sin número de veladoras y flores multicolores.

La virgen estaba colocada en la entrada, del lado izquierdo y dentro de la ermita. Frente a ella un grupo de mujeres piadosas hacía oración. La iglesia fue decorada con grandes escapularios en su techo. En sus columnas, la imagen de la virgen del Carmen y el niño Dios también tienen escapularios en sus manos.

Después de hacer los honores a la virgen y tomar algunas fotos, salí de la iglesia. A un costado, sobre la calle, había un toldo donde unas mujeres tenían una gran bandeja, en el que preparaban pozol (agua con masa y cacao).

Una vez lista, regalaban vasos de esa bebida a todos los convidados a la fiesta patronal. Luego pasamos a otra mesa donde nos dieron dulce de papaya. Algunas personas hablaban en yokot’an, una lengua propia del lugar.

Enseguida llegó un grupo de tamborileros que animaba a la concurrencia. Sobre uno de los costados y amarrada a la columna de la barda de la iglesia, descansaba una vaquilla decorada con un collar de flores de papel de china. También había varios pavos (guajolotes) con moños en sus cuellos y una mesa larga con muchos productos del campo, que la gente daba como ofrenda a la virgen en la llamada enrama.

En la parte trasera de la iglesia se encuentra una cancha, donde estaba instalado el tianguis artesanal. Se podía comprar desde vestidos típicos de Tabasco, productos de palma y cacao procesado en varias presentaciones, hasta artículos de madera.

También había unas alas hechas de abanicos de palma, de esas que se ponen para que la gente se tome fotos, pero me pareció que estaban muy altas o yo estoy demasiado chaparro como para alcanzarlos. Muy cerca, está la biblioteca Andrés Iduarte, donde encontré libros de escritores que conozco. En una esquina había una colección interesante de pinturas al óleo. Todas eran retratos sobre la vida costumbrista del lugar.

Aproveché para comer algunos platillos típicos. Pronto vi a una comitiva que venía con gran pompa y acercándose por una calle. Traía unos banderines que indicaban la familia o el barrio que representaban. Luego una banda de música los seguía. Detrás, venía una mujer con una caja decorada y posterior a ella mucha gente con productos del campo y unos hombres lanzando cohetes. Corrí a la iglesia para ver el arribo.

Los banderines fueron llevados a un costado del altar principal. Los músicos se apostaron en la entrada de la iglesia, del lado derecho, mientras seguían tocando. La mujer de la caja se detuvo del lado izquierdo de la entrada, frente a la virgen. Todos hicieron una oración corta y después caminaron a espaldas de ella, junto con el mayordomo de la iglesia (el encargado de cuidar de la ermita y de organizar los eventos religiosos).

Bajaron a la imagen de su tarima, que estaba sobre una mesa, y la pusieron en el suelo. La imagen sacra debía de medir poco más de un metro. Le quitaron al niño Dios de su brazo izquierdo y empezaron a desvestirlo para ponerle el traje que había sacado la mujer de la caja.

Inmediatamente después, todas las señoras se arremolinaron en torno a la virgen mientras los hombres se apartaban. Las mujeres le quitaron el traje color vino con tiras bordadas de flores de colores, de esas que se hacen aquí en Nacajuca. Luego sacaron de la caja varias piezas del traje y las fueron pasando de mano en mano para vestir a la imagen.

A pesar de que la virgen del Carmen en su escultura tiene cabello y está pintado en negro, le han hecho una larga y abundante cabellera que supongo de cabellos reales y que le llega hasta por debajo de la cintura. Tuvieron que retirarla junto con la corona dorada que lucía en su cabeza.

Terminada la actividad, la virgen fue llevada muy cerca del altar principal, pues mañana es el día de su festividad. La comitiva se retiró como había llegado. Salieron los banderines acompañados por los músicos, la mujer de la caja, los que trajeron las ofrendas del campo y todas las demás personas, detrás los coheteros.

Salí otra vez a dar una vuelta por el tianguis. Las pinturas del artista Jayro Arias ya habían sido acomodadas en el escenario, que se había hecho exprofeso pare ello. Se trataba de la colección «El idioma de mi pueblo».

El pintor es un joven que ha incursionado en la música y la pintura regional. Ha tenido muchas participaciones en el estado, según rezaba su ficha junto a las obras. Sobre un costado de la cancha había un gran escenario. Uno de los habitantes comentó que esta noche el grandioso baile iba a ser amenizado por la Sonora Dinamita y se rió. No supe si estaba bromeando, o se reía de gusto. .

El altar principal de la iglesia tiene a la virgen de la Conchita. De primera instancia se me figuró a una nativa de la India. Esto por su vestido muy parecido a un sari. Era una túnica blanca con decoraciones de flores doradas y azules; en frente le cruzaba una banda color azul con rosas rojas y el reverso de esa banda era roja.

Le atraviesa el regazo, de la cintura al pecho, y desciende sobre el brazo izquierdo. Tiene una gargantilla muy pegada en su largo cuello ─pintado sobre la escultura─ y también tiene tres collares de perlas como accesorio agregado. Su pelo también era sobrepuesto y largo, por lo que la silueta se veía muy alargada. Usaban una corona similar a la de la virgen del Carmen.

El altar principal de la iglesia tiene a la virgen de la Conchita. De primera instancia se me figuró a una nativa de la India. Esto por su vestido muy parecido a un sari. Era una túnica blanca con decoraciones de flores doradas y azules…

Me hizo recordar a la virgen del Apocalipsis, pues tiene a la luna bajo los pies y una serpiente que muerde una manzana o una flor, y simboliza al dragón. A diferencia de la Virgen de Guadalupe, ella tiene dos ángeles a sus pies. La virgen se ve algo extraña. Creo que tiene la frente muy amplia y muy arqueadas las cejas.

Luego llegó otra comitiva. Noté que en este pueblo hay muchas familias con el apellido De la Cruz. En los banderines aparecía ese apellido y en las bancas de la iglesia. Era tanta gente que la iglesia empezó a saturarse. Decidí retirarme, pensando en la aparición de la quinta ola del Covid.

Irónicamente, todo el día había estado fotografiando a la multitud sin cubrebocas. Afuera, la mesa larga estaba tan desbordada de regalos a la virgen que los encargados ya estaban retirando los productos. A los guajolotes se los llevaban porque ya no cabían, estaban acalorados y hambrientos. Se hacía tarde. Mucha gente estaba llegando a la feria, por lo que decidí regresar a Villahermosa.

Acerca del autor

Rolando García de la Cruz
Antologado en los libros «Voces Papantecas», de la Coordinación de escritores papantecos y «Espejo de letras» en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Su relato «Un paseo por la Concha» ha sido mencionado entre los diez mejores trabajos de Latinoamérica en el certamen «Un fragmento de mi vida» organizada por la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía en el 2011.

About Rolando García de la Cruz

Antologado en los libros «Voces Papantecas», de la Coordinación de escritores papantecos y «Espejo de letras» en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Su relato «Un paseo por la Concha» ha sido mencionado entre los diez mejores trabajos de Latinoamérica en el certamen «Un fragmento de mi vida» organizada por la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía en el 2011.

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