Historiar a contracorriente: entrevista a don Jorge Priego Martínez (segunda parte)

En esta segunda parte de la entrevista realizada hace más de un año a don Jorge Priego Martínez, el notable estudioso de la historia, la literatura y la cultura popular de Tabasco responde a algunas interrogantes sobre su labor cultural en el estado. La edición, el periodismo, su paso por el Archivo Histórico del Poder Ejecutivo y la escritura de una ambiciosa historia de su natal Frontera son sólo cuatro de las facetas alrededor de las cuales se ha desplegado su destacada trayectoria.

Parte de su labor como divulgador de la literatura tabasqueña se ha orientado al trabajo editorial y al periodismo cultural. ¿Podría hablarme un poco de esa etapa?

Tuve la fortuna de dirigir durante diez años y cuatro meses meses el suplemento de un diario local dedicado única y exclusivamente a Tabasco. En enero de 1985 comencé a dirigir ese suplemento. Y recuerdo que a finales del 84, que fue el año en que se me había invitado, lo comenté con un grupo de amigos. Allí había algunos fuereños de los que vinieron con el licenciado González Pedrero y ellos me dijeron: “Bueno, si te vas a dedicar exclusivamente a Tabasco, ¿después de tres meses qué vas a escribir?”. Les dije: “Ustedes no podrían escribir después de tres meses porque no conocen Tabasco, pero para mí la cultura no nada más es la literatura, la cultura es todo. Entonces yo voy a escribir de historia, geografía, cultura popular, música, pintura, escultura, forma de hablar y todo lo relacionado con Tabasco.” Y así lo hicimos. Es más, para facilitar mi trabajo hice algo así como efemérides con el fin de saber a quién podíamos dedicarle un número. Así que cada año había un número dedicado a Pellicer, otro a Tomás Díaz Bartlett, otro a Ramón Galguera Noverola, otro a don José María Bastar Sasso, otro dedicado también a Gorostiza, a Josefina Vicens, Y de nuestros poetas cercanos hicimos de Pano Cabrera, Teo, Agenor, Alicia Delaval. Todos esos tenían su número. Había un número especial para la fiesta del 27 de febrero, había otro para la exposición regional, otro para el Día de Muertos, para Navidad. Todas esas cosas las tomaba en cuenta y las plasmaba en el suplemento cultural del diario Novedades de Tabasco.

El cúmulo de esas publicaciones no debe de ser nada despreciable. ¿Se conservan en algún lado los suplementos publicados?

Publiqué más de quinientos números que tenía encuadernados y perdí con la inundación. Se salvaron muchos porque yo mandaba a encuadernar quince anualidades. Aparte de las que me quedaban a mí, entregaba uno a la Biblioteca Martí, otro a la Biblioteca Pino Suárez, otro a la Biblioteca de Frontera, otro le entregaba yo a los Mora, otro a Mamá Gaba, y otro a dos de mis hermanas. Para mí fue muy satisfactorio ver que en muchos libros citan al suplemento cultural del novedades. Algunas personas hicieron libros nada más tomando todo de ahí. Porque nosotros investigamos acerca de quiénes eran los cuentistas y publicamos sus cuentos. Hubo un concurso de cuentos en la época de Orrico, creo. Y el primer lugar lo ganó Alicia Delaval con el cuento “El hombre que perdió su sombra”. En esa época había concursos “del niño sano”, de carreras de cayucos en la laguna, incluso de novela. El primer año ganó el profesor Ramón Mendoza con su novela La tragedia de La Agustina.

¿Cómo ve, desde su larga experiencia como editor, el panorama actual del periodismo cultural que se hace en Tabasco?

Actualmente hay quien se dedica a escribir sobre cuestiones culturales en periódicos, pero no hay suplementos culturales que duren mucho tiempo. Todos son efímeros. Hubo un tiempo en que se pusieron de moda los suplementos y todos los periódicos tenían uno. Pero fueron flores de un día. El que más habrá durado fue de un año. Más que los diarios, fueron los semanarios los que tuvieron suplementos. Uno de ellos fue La pizca. Durante una época, en el diario Avance, Lácides García, Teo y Jorge Lamoyi publicaban algo cultural también. En el Presente quisieron que yo dirigiera un suplemento, pero era mensual. Y había el problema de que nunca tenía tiempo el formador y había que andarse peleando con él. Cuando yo estuve en el Novedades me dijeron: “Puedes publicar lo que quieras, menos hacer política”. Les respondí: “Se equivocan, yo voy a hacer política, pero política cultural. Yo no voy a hablar de fulanito, o de si me cae bien o mal. Ni tampoco de si llegó el señor gobernador a una exposición y cortó el listón. No, yo voy a hablar del pintor. Voy a hablar de su obra, no de quienes estuvieron presentes.”

Usted, por otro lado, es autor del libro Anecdotario tabasqueño. ¿Cuál considera que sea la función de la anécdota a la hora de construir la historia?

Las anécdotas nos sirven para darnos una idea de la personalidad del individuo. Ya sea porque a través de ellas conocemos su manera de ser, pero desconocemos otras facetas. Porque puedes tener a un hombre por muy serio y de repente escuchas de él una anécdota chusca, y dices al escucharla: “Ah caray, pues no es tan serio.” Esto me recuerda cuando le preguntó Monsiváis a los hijos de José Gorostiza sobre qué leía su papá y ellos le respondieron que a su casa llevaba  para leer cuentos del Pato Donald. Eso es una anécdota. Quién se iba a imaginar que un hombre tan serio y de un pensamiento tan profundo se pusiera a leer el Pato Donald y otras cosas. Yo creo que las anécdotas nos pueden dar referencias de un momento o de un hecho histórico, y muchas veces nos pueden aclarar ese momento. Yo pienso escribir por eso una serie de anécdotas personales, nada más que acumule un buen número de ellas. Porque tengo algunas anécdotas con personajes importantes, como por ejemplo don Manuel R. Mora. En una ocasión, platicando me dice: “Mira Jorgito, nosotros los honestos…” Y yo lo interrumpí diciéndole: “Don Manuel, a mí no me meta usted en esa lista porque no he pasado por la prueba de fuego…” Y él me dice seriamente, sin tomarlo como broma: “¡No me digas eso!”. Es que don Manuel no era afecto a las bromas, y él lo tomaba todo muy en serio, porque era un hombre muy serio. Por eso me llamó la atención que una vez preguntándole sobre una señora muy fea que se expresaba mal de él le digo: “Oiga don Manuel, ¿por qué no le quiere esa señora?”. “Pues no sé —me respondió— nosotros no le hemos hecho ningún daño, ni ningún bien.” Y le digo: “Pero es que siempre se expresa mal de usted.” “Pues no cabe duda —dice él— que la pobre es más fea por dentro que por fuera.” Tenía lo suyo don Manuel, así como lo veía uno de serio. Del maestro Pellicer recuerdo que en una ocasión él estaba aquí y yo me fui a Puebla a presentar unos exámenes a título de suficiencia. Cuando regresé, me preguntó: “¿Cómo le fue en sus exámenes?” “Bastante bien, maestro —le respondí—, pasé las materias.” “¿Fueron escritos u orales?”, me preguntó. “Fueron orales —le respondí—… y no conoció la lengua titubeo.” “¡Eso es muy bueno!”, dijo al oírme. ¡Pues claro, aquello era un verso suyo!

Jorge Priego Martínez, Anecdotario tabasqueño, México, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2015, 183 pp.

¿Cómo ha sido su paso por este Archivo Histórico a partir de su nombramiento como responsable del mismo?

En el Archivo Histórico del Poder Ejecutivo resguardamos documentación a partir de 1892, cuando el gobernador Simón Sarlat Nova resguarda el archivo en una parte del Palacio de Gobierno. Cuando se hacen los arreglos del Palacio se saca el archivo de ahí y se crea este Archivo. Propiamente, es creado en el gobierno de Manuel Andrade. Los documentos más antiguos que se tienen aquí son algunos que datan de 1840, que yo doné, entre ellos unas cartas autográficas de algunos gobernadores. Tuve la fortuna de que estando aquí algunos amigos nos hicieran donaciones. Me donaron, por ejemplo, todo lo que tenían de las famosas jornadas pellicerianas; me donaron fotografías, cuadros que el maestro Pellicer tenía en su poder, un busto de él hecho por Ponzanelli, y luego me donaron también el archivo de Mamá Gaba, la cronista de la ciudad, y parte de la biblioteca de Agenor González Valencia, de la cual me permitieron que yo escogiera todos los libros sobre historia de Tabasco.

¿Tiene usted intención de ampliar de algún otro modo lo escrito en el Anecdotario?

Tengo el proyecto de un libro al que le quiero llamar Hechos y personajes históricos de Tabasco, y al final unas notas lexicográficas para hablar sobre qué significan por ejemplo la palabra Tabasco, la palabra “choco”, la expresión “¡ay, mojo!”, municipios y regiones del estado, nuestros gentilicios y una serie de temas que yo considero importantes y que nadie toma en cuenta. Hay una anécdota de cuando vino Obregón siendo presidente, y todo mundo le pedía escolleras. Entonces iban en el vapor, él y Garrido, cuando salen unos chamacos gritando que les tiraran galletas. “¿Qué gritan esos chamacos?”, preguntó Obregón, y Garrido le contestó: “Dicen que quieren escolleras”, a lo que Obregón se soltó a reír. Al final no hubo tales escolleras porque Obregón terminó diciendo que no había dinero para eso.

¿Cree que existan otras maneras de divulgar de mejor modo la historia de Tabasco en la era digital?

Yo creo que podrían ser nuestros aliadas las redes sociales y las nuevas tecnologías. Yo siempre he tenido una idea que le voy a proponer a mi amigo Pepe Chablé. Ya medio platicamos, porque él quiere también algo que tenga que ver con la historia de Tabasco. Siempre he tenido la idea de un programa que se llame “Noticias de la historia”, pero lo que yo no quiero es plantarme frente a la cámara y hablar y hablar; yo lo que quiero son imágenes. Si voy a hablar del árbol de guayacán, lo quiero ver florecido; si voy a hablar de los saraguatos quiero ver saraguatos brincando de árbol en árbol. Yo quise hacer algo así con la autorización del gobernador Núñez, con motivo de los 150 años de la gesta que culminó el 27 de febrero. Tengo aquí los textos, incluso le proporcioné las imágenes a TVT, pero no prosperó la idea aun siendo un programa del gobernador. Siempre estaban las cámaras ocupadas.

Hablando de la historia de Frontera que se encuentra escribiendo, ¿cuáles fueron sus motivaciones para escribir sobre su tierra natal?

El problema de todos los libros que han hablado de la historia Frontera es que comienzan hablando de la antigua Centla, la llegada de Juan de Grijalva, Cortés y La Malinche. Luego hablan de la Villa Santa María de la Victoria y por último de Frontera, pero con unos saltos enormes de diez, quince o veinte años. No había una secuencia. Según mi manera de pensar, esa forma de acercarse a la historia de Frontera es en realidad hablar de la historia del municipio. Porque Frontera se fundó hasta 1815. Tuve la fortuna de encontrar el famoso Oficio de Soria, donde se narra todo lo referente a la fundación. Y allí me nació la idea de escribir la historia. Aunque yo ya había empezado a aquistar material, no sabía exactamente cuándo y por quién se había fundado.

¿Qué encontró usted alrededor de la fundación que discrepe de lo que al respecto se ha escrito?

Gil y Sáenz decía que Frontera se había fundado entre 1780 y 1785, pero resulta que no era cierto aquello. Y además decían que el fundador era Tomás Helguera. Yo encontré que no se llamaba así, sino que se llamaba Juan de Jesús Helguera. Cuando encontré el Oficio de Soria ya tenía yo entonces cinco años de la historia de Frontera, desde su fundación hasta que el gobierno colonial acepta dicha fundación cinco años después. Lo curioso es que todo ese documento se organiza no tanto por la fundación del pueblo sino por el hecho de que el fundador, el presbítero Juan de Jesús Helguera, no se podía mantener con lo poco que iba a sacar de los habitantes, que era gente muy pobre. Y les pide a ellos que le paguen una congrua de trescientos pesos anuales, como ganaba entonces el cura de Jalapa y el cura de Jonuta. Lo que no sé es si alguna vez el cura cobra la congrua, porque le perdí la pista. No he encontrado ningún documento que me diga a dónde se fue. Un joven amigo historiador me ayudó a localizar la fe de bautismo de Helguera y el acta de su ordenación sacerdotal en el Obispado de Yucatán.

¿Cómo organizó la historia después de lo que encontró alrededor de la fundación?

Después de juntar todo lo que tenía fui llevando una secuencia cronológica de año con año, pero me encuentro con que hay algunos años en los que no aparece absolutamente nada en ningún libro sobre Tabasco, y menos sobre Frontera. Frontera se llamaba inicialmente San Fernando de la Victoria, y luego le cambiaron a Guadalupe de la Frontera. Muchos pensábamos que se llamaba así en honor a Guadalupe Victoria, pero resulta que en esa época todos los poblados llevaban nombres de santos. Como San Juan Bautista, en Villahermosa; nuestra señora de la Asunción, en Tacotalpa; San Isidro, en Comalcalco; San Antonio de los Naranjos, en Cárdenas, y por lo mismo el nombre de mi pueblo fue Santa María de Guadalupe de la Frontera. De 1927 a 1947 Frontera se llamó Alvaro Obregón, por obra y gracia de Tomás Garrido. Fue Francisco J. Santamaría quién le restituyó su nombre original.

¿Cuál es el período de tiempo que comprende la historia de Frontera que se encuentra usted escribiendo?

Es tanto el volumen de documentos que encontré, que lo dividí en dos tomos. Cada tomo va a ser una centuria. El tomo que ya terminé va de 1815 a 1915 y ya tengo muy adelantado el segundo tomo, aunque no encuentro muchos datos de la época de Garrido, porque aquello en ese tiempo era un desorden. Encontré algunos datos increíbles que ni yo mismo me imaginaba. Por ejemplo, en un periódico que luego se perdió encontré que la Reina de España, en mil ocho cientos cincuenta y tantos, mandó un barco de guerra porque le habían llegado noticias de que en Tabasco estaban sufriendo persecución los súbditos españoles. Desde Frontera le avisaron al gobierno que ahí estaba el barco, y por eso bajó de Villahermosa a Frontera una comisión encabezada por el vicecónsul español, don Pablo Sastré y Mazas, junto con otros españoles prominentes, dueños de comercios, para explicar que eso no era cierto, que a ningún español se le había molestado. Desgraciadamente no puedo poner eso en la historia, porque yo perdí todos esos datos con la inundación. Para el segundo tomo, que va a ser de 1916 a 2015, me he basado mucho —particularmente para los últimos 50 años— en periódicos de mi querido amigo Armando Pérez Chan. Él empezó a publicar su periódico en 1948, más o menos, con el nombre de El Alacrán y luego le cambió el nombre a Renovación. Lo estuvo publicando hasta su muerte en un accidente lamentable. Logré que el Ayuntamiento me facilitara esos periódicos. Los limpiaron en el Archivo Histórico y en la UJAT, pero sobre todo en el Instituto de Cultura a través de la Biblioteca Pino Suárez, los digitalizaron. De esos cien años tengo más de la mitad de los organigramas de los ayuntamientos completos, sobre todo porque en el primer período del gobernador Sarlat se estipuló que los ayuntamientos enviaran mensualmente información a la Secretaría de Gobierno acerca de lo que hacían.

¿Tiene intención de publicar pronto esta historia ambiciosa que escribe sobre Frontera? ¿Ha llegado a algún arreglo para su publicación con alguna autoridad?

El problema de la edición de estos tomos es que son voluminosos. También tengo otro libro terminado, que es la historia del teatro y de los teatros en Tabasco. En ese libro llego a la conclusión de que no existieron todos los teatros que han asegurado que existían, porque la mayoría eran teatros provisionales. El único y verdadero teatro fue el Merino. Y da la casualidad de que el segundo teatro más importante y verdadero en todo Tabasco estuvo en Frontera: el Teatro Unión, construido por dos españoles radicados en ahí, Don José Poch Sala y don Esteban Sahagún Herrera.  Ese teatro estuvo funcionando durante setenta años hasta que lo derribó el ciclón Brenda. Por Frontera pasaron personajes como doña Virginia Fábregas con su compañía; el tenor Juan Arvizu, cuando estuvo el apogeo de su fama; toreó el Califa de León Rodolfo Gaona (en una plaza de toros que desconozco dónde estaba); estuvo el héroe de la Guerra de Secesión, y luego presidente de los Estados Unidos, Ulysses Grant; estuvieron  Justo Sierra O’reilly y Justo Sierra Méndez. El primer viajero internacional que llega a Frontera es el Barón de Waldeck y le toca la epidemia de cólera en 1833. El primer presidente que llega a Tabasco y a Frontera, en su campaña política, es Madero. Madero le ofrece obras de dragado del río al pueblo frontereño y se las cumple. Estaban construyendo las escolleras cuando lo mataron y nunca las continuaron.

¿Tiene algún otro proyecto histórico o literario en puerta?

Tengo tantos proyectos ahora que no sé ni por cuál seguir. Lo que hago es irlos empujando, como el que va arreando ganado. El otro libro que tengo empezado se llama Villahermosa, ciudad cambiante. Trata de lo que había antes en la ciudad y desapareció para siempre. Ya tengo escrito sobre el puente de Ampudia, el arroyo del Jícaro, el arroyo del Gusano, la laguna de la Pólvora, la Casa de piedra, la Casa de Jamet, la Estación experimental agrícola que luego fue la Escuela Normal Rural La Granja, las casas de gobierno, entre otros textos que ya tengo adelantados a partir de lo poco que he encontrado. Porque desgraciadamente nadie se había ocupado antes de eso. Si no han derribado el Palacio de Gobierno es porque Dios es grande. Del arroyo el Jícaro escribió don Justo Sierra O’ Reilly y lo describió el ingeniero Felipe A. Margalli. El Jícaro unía al río González con el río Grijalva y salía más o menos por el famoso Paso Real; aquí en Villahermosa pasaba por lo que ahora es Galeana, daba la vuelta en la calle Sarlat, luego seguía por Fidencia y a un lado de donde está el hotel One pasaba para unirse al Grijalva. El puente de Ampudia estaba por ahí cerca también y unía lo que ahora es la calle Juárez con la calle Carranza. Era de material y tenía bancas y arcos. Lo empezaron a construir aproximadamente en 1841 y en 1843 lo terminó Ampudia.

Acerca del autor

Francisco Payró
Macultepec, Tabasco (1975). Economista y escritor. Autor de "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte". Ha publicado poesía, ensayo y cuento en diferentes medios y suplementos culturales de circulación estatal y nacional.

About Francisco Payró

Macultepec, Tabasco (1975). Economista y escritor. Autor de "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte". Ha publicado poesía, ensayo y cuento en diferentes medios y suplementos culturales de circulación estatal y nacional.

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