Memoriosos del agua en Tabasco. Diez entrevistas de Jaime Ruiz Ortiz.

Cuando a Jaime Ruiz Ortiz (Villahermosa, 1975), el autor de la serie de entrevistas y semblanzas que conforman el libro El agua tiene memoria, lo llamaron de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS) del Estado de Tabasco no imaginó la tarea para la cual estaba siendo requerido.

Es probable que la entonces titular de ese organismo público desconcentrado, cuyo más lejano antecedente es el casi mítico Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SAPAET), creado en 1980, tampoco tuviera idea precisa de la clase de trabajo que Ruiz Ortiz desempeñaría bajo sus órdenes. Es el caso, sin embargo, que el joven cronista, narrador y periodista villahermosino fue y se puso a laborar en ese laberinto burocrático desde el que se suministra (o desde el que debería suministrarse) el “agua potable en cantidad y calidad suficientes, así como el servicio eficiente de alcantarillado y drenaje” a la población tabasqueña, y se encontró con que alrededor del agua, su entubamiento y su distribución para fines de empleo humano en estas agrestes tierras, había una serie de historias que debían, sencillamente, contarse.

Jaime Ruiz Ortiz, El agua tiene memoria, Gobierno del Estado de Tabasco (Comisión Estatal de Agua y Saneamiento), México, 2012, 147 pp

Jaime Ruiz Ortiz, El agua tiene memoria, Gobierno del Estado de Tabasco (Comisión Estatal de Agua y Saneamiento), México, 2012, 147 pp

¿Resultado? Un libro que, sin ser “la historia” (como equívocamente señala su subtítulo) de la gestión del agua potable en territorio tabasqueño, constituye desde ahora un documento útil a la hora de aproximarse al modo en que un grupo de hombres y mujeres asumieron, en su momento,las responsabilidades que su función —en su calidad de servidores públicos al frente de los servicios de agua potable— demandaba. Pródigo en imágenes propias de un libro de narraciones, en giros verbales que delatan las dotes periodísticas de quien lo escribió, El agua tiene memoria es un libro por encargo que tiene la virtud de situar la mirada del hombre de letras allí donde sólo los registros del buen periodismo o de la diestra literatura pueden posarse.

El volumen, por esa razón, resulta ser un poco raro en el contexto de las publicaciones oficiales dadas a conocer en Tabasco. Hay trazos poéticos en él y hay plasticidad en el encuadre de los entrevistados (“Todo en él es viejo, menos sus ojos…Y los de Ventre [Ernestro Ventre Aguilera] tienen el color aceituna de los lagos de Tabasco, y son invictos y alegres. Y en otra parte: “En este momento Granier [Andrés] se pone más reflexivo. Voltea hacia todas partes. Mira hacia el piso de mármol. Reflexiona. Suenan las campanas anunciando la misa de las seis en la Catedral de Tabasco, que está a unos pasos de la Quinta…“). 

Es inevitable, en consecuencia, que el lector sienta la cercanía de los personajes reales que desfilan a través de sus páginas y que se identifique con sus modismos, con sus respuestas —a veces contundentes, en ocasiones cargadas de ironías—, tanto como con los avatares de su trajinar al frente de la maquinaria estatal responsable de hacer llegar el agua entubada a los hogares tabasqueños.

Claro, en un libro como el de Ruiz Ortiz no puede haber lugar para hablar de errores; tampoco para datos desafortunados. Según reportes del INEGI, alrededor de 130 mil hogares en Tabasco del total, aproximadamente) continuaban sin recibir los beneficios del transporte subterráneo del agua (lo que situaba, en esta materia, a la entidad en la posición 30 de entre todos los estados del país). Por lo que tiene que ver con saneamiento, el organismo gubernamental encargado de esa labor en el estado acumula aún una deuda con la población tabasqueña: conforme a cifras de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), menos de la mitad de las aguas negras son tratadas en la entidad, con la consecuente, e inevitable, contaminación de ríos y lagunas.

Libro en el que se dejan ver, tangencialmente, algunas de las coyunturas históricas y políticas de un período que va de principios de los años ochenta (y aún de más atrás, con la referencia, al paso, a la Comisión del Río Grijalva, creada en 1951 por el presidente Miguel Alemán con el propósito de construir obras de infraestructura a lo largo de la cuenca del río), sus textos tienen la virtud de reflejar visiones personales que aluden, de un modo o de otro, al pasado reciente de Tabasco. La toma de decisiones, el estilo personal de gobernar del gobernante en turno y las motivaciones políticas que suelen ocultarse bajo el velo de una labor eminentemente técnica como el suministro de agua y la sanidad de ésta (el caso de Andrés Granier resulta ser, a todas luces, paradigmático) saltan, a la vista gracias al esforzado oficio del entrevistador.

El agua tiene memoria es, pues, un libro que aun y cuando no lleva en su portada el nombre de su autor (quiso ser presentado en el desastroso sexenio que concluyó en 2012 como una obra enteramente institucional) pertenece en gran medida a éste, por su concepción original y por su tono, a caballo entre la entrevista de perfil y la de corte interpretativo. Cosa nada menor para una obra que, aunque tal vez impresentable en los tiempos políticos que corren en Tabasco, contribuye desde su aventajada confección al conocimiento y la comprensión de lo que ocurre tras bambalinas en el servicio público de este convulso estado.

Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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