Gerardo Rivera: la búsqueda de los orígenes de la poesía tabasqueña (segunda parte).

El maestro Gerardo Rivera caminando por las calles del centro de Villahermosa.

¿Cuáles son los rasgos principales que usted identifica entre los miembros de La Bohemia tabasqueña que los distinguieron, en su momento, como agrupación literaria?

En principio, la camaradería. Eran como hermanos. Lo que le dolía a uno le dolía a todos. En segundo lugar, se trataba de escritores con obra dispersa. Un ejemplo claro es Marcos E. Becerra, que terminó dejando su obra por todos lados. Una vez que fue expulsado de Tabasco, por revoltoso, se fue a Chiapas, donde escribió libros que practicamente no se conocen aquí. Yo tengo sus últimos libros. Becerra era un tipo tan acucioso que era dado a estudiar temas como el de La Atlántida y la ruta que siguieron los Atlantes antes de que se hundiera su isla. Él terminaría sus días enseñando en las montañas de Chiapas.

¿Su libro Los poetas de Tabasco en la independencia y revolución es, para decirlo de alguna manera, el registro de lo ocurrido con los poetas de La Bohemia en el Tabasco revolucionario?

Así es. Se lo dije a González Pagés: ese libro iba a rematar lo que había comenzado en mis dos libros anteriores sobre La Bohemia. Una especie de homenaje a los poetas revolucionarios de Tabasco que en conjunto formaron parte de una generación especial que, al comenzar el siglo XX, fueron muy sensibles a lo que ocurría en aquellos años. Ellos eran, para decirlo citando a Rubén Darío, los “pararrayos celestes” de la sociedad tabasqueña de entonces.

Gerardo Rivera, Los poetas de Tabasco en la Independencia y Revolución, México, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2011, 155 pp.

El material bibliográfico e histórico del que usted dispuso para escribir esos libros podría alcanzar, seguramente, para enriquecer aún más lo que ha escrito sobre esos poetas. ¿Es así?

Yo creo que sí. Para darte una idea de lo que digo: yo fui apuntador en historia de don Alfonso Taracena, a quien auxiliaba cuando éste impartía sus conferencias aquí en el estado. Además de acompañarlo en esas conferencias, pude atestiguar cómo don Alfonso desacralizaba a algunos de los próceres de la historia oficial; así se tratara del mismísimo Gregorio Méndez, al que por cierto Santamaría consideraba el arquetipo del hombre másculo y puro. De manera que sí, hay mucho que podría estar aún por escribirse en un estado como Tabasco, donde buena parte del material de primera mano que utilicé para la escritura de mis libros permaneció oculto o desconocido por más de cien años.

Volviendo un poco a La Bohemia, ¿se trató en realidad de un movimiento literario de muy poca duración y de escasa trascendencia debido al movimiento revolucionario?

La Bohemia tuvo dos etapas: de 1898 a 1901 y una que iniciaron los discípulos de los fundadores de la revista poco antes de que comenzara la revolución en Tabasco. Cuando ésta comenzó, el movimiento fue practicamente desmantelado, a pesar de las grandes figuras que lo integraban. Si uno quiere darse una idea de la aversión que sentían los poetas de La Bohemia hacia la clase política que gobernaba al estado por aquellos años sólo hay que leer algunos poemas que escribió Domingo Borrego. Por cierto, Borrego fue el único tabasqueño que publicó en El hijo de El ahuizote, la revista satírica antiporfirista por excelencia, de la cual poseo algunos ejemplares en mi biblioteca.

Hablando de su biblioteca, imagino que se trata de un acervo considerable…

Sólo te diré esto: si desapareciera Tabasco y sólo quedara en pie mi biblioteca, que consta de alrededor de treinta mil volúmenes, ella sola bastaría para reescribir la historia completa del estado. También podría escribir la de El Salvador, mi país de origen. Libro que no encuentres en ninguna parte de esta tierra, lo tengo yo. Y no porque los haya robado; es porque todos esos libros han ido llegando a mí de un modo que sólo puedo calificar de inexplicable.

Hablemos ahora de su libro Pioneros de la poesía en Tabasco. El volumen incluye prácticamente a nuestros poetas más lejanos en tiempo, ¿es así?

Sí, a los que podemos llamar los “padres de la poesía tabasqueña”. Comenzando por José Eduardo de Cárdenas y Romero, el que es considerado el primer poeta de estas tierras. Por cierto, de Cárdenas y Romero, de quien se conoce sobre todo su famoso poema a Fernando VII, el que le hizo ganar un premio en España, encontré hace ya varios años unas endechas que publicó Jorge Priego en el suplemento literario que coordinaba en el periódico Novedades de Tabasco.

¿Tuvieron aquellos primeros poetas tabasqueños un rasgo que los hermanara, como ocurrió con los poetas de La bohemia tabasqueña?

Ninguno. Si acaso el hecho de que fueron de los primeros letrados en una tierra prácticamente llena de analfabetas. Por otra parte, la mayoría eran poetas influenciados por el romanticismo. Escribían versos octosílabos y endecasílabos, es decir, se trataba de una poesía sometida a la rigidez de la métrica. Tendría que llegar Rogelio Ruiz y Rojas, quizás el poeta que entre ellos mejor retrató el paisaje tabasqueño, para que alguien rompiera aquí con ese verso octosilábico. Ruiz y Rojas comenzó a utilizar el verso alejandrino, característico de los poemas de Víctor Hugo.

El ordenamiento de los poetas en el libro es claramente cronológico…

Así es. Comienzo con Bernardo Garrido Bolaños, quizá el único poeta mexicano que, según Santamaria, ha escrito un poema teatral como el que escribió con motivo de la independencia de 1810. Me sigo con poetas como León Alejo Torre y Límbano Correa, para terminar con Manuel Merino Zapata y Rogelio Ruiz y Rojas.

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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