Sobresaturaciones de la otredad: Fernando Nieto Cadena.

Una gloria literaria recorre las calles de Villahermosa. Una gloria que ha habitado intermitentemente entre nosotros desde fines de los años setenta y que deambula por nuestros parajes con la antisolemnidad de quien ha sobrevivido a catástrofes tropicales, a penurias económicas, a quebrantos en la salud y —quizá por encima de todo— a la mediocridad rampante en nuestro flaco ámbito cultural-literario.

Una gloria que, nacida en el meridional Ecuador, no se cansa de acusar por aquí y por allá, en cuanta charla anima con su habitual acidez o en cuanto texto (sobre el tema) pergeña, que esta tierra de epígonos pellicerianos no es ni ha sido ni será jamás el meridiano de la poesía, que para poetas Rilke, Vallejo, Jorge Enrique Adoum, Fayad Jamís, Ginsberg y que (entre otras cosas), mejor ser un literato pobre e incomprendido que un pobre cortesano mal leído y adulador. Esa gloria que ha venido a hacerse padecer, y a padecernos, responde al nombre de Fernando Nieto Cadena.

El poeta guayaquileño, nacido en 1947 y expatriado en México por voluntad propia desde hace casi cuatro décadas, es hoy una especie de leyenda viviente. Con lectores y colegas bien (y mal) querientes dentro y más allá de nuestras fronteras, Nieto Cadena es el autor de una obra compleja, pero no inclasificable. La suya es más bien lo que, para efectos de una ya manida clasificación metodológica a la que él no tiene porqué acogerse, una antipoesía. De ahí que ésta pueda asociarse fácilmente a una lista de nombres entre los que, para el contexto latinomericano, los de Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Enrique Lihn y Pablo de Rokha son ya a estas alturas ineludibles.

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Fernando Nieto Cadena, Sobresaturaciones, México, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2014, 139 pp.

Como buen antipoeta, Nieto Cadena arriesga un lenguaje machacón, ríspido, obsesivo. Hay de manera recurrente en ese lenguaje un antihéroe: el de una voz que montada en la ironía, el sarcasmo y el humor discurre de un modo presuntamente crítico en torno a la realidad que su discurso construye fragmentariamente. Aquí la primera virtud de los libros de don Fernando: podrá gustar o provocar recelos, atraer o sembrar en el lector sospechas sobre el carácter estrictamente poético de sus antipoemas; lo que importa en todo caso es la permanencia del discurso, la adhesión férrea a unas coordenadas que se ha obstinado en dibujar a fuerza de desdibujarlas de un texto a otro, de un libro al siguiente.

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Un coetáneo de Nieto Cadena, Luis Carlos Mussó Mujica, autor de un estudio sugerente alrededor de la obra del poeta de Somos asunto de muchísimas personas publicado por la Universidad Andina Simón Bolívar, sostiene que ese discurso bien puede ser nominado como “la épica de lo cotidiano”:

La épica de lo cotidiano deviene, por tanto, una poesía que recupera, en lo posible, la oralidad de un espacio definido y expone los anhelos de una comunidad. Ya sabemos, gracias a Freud, que lo opuesto al juego no es la seriedad, sino la realidad efectiva. En la épica de lo cotidiano no hay un salto al vacío: esta telaraña de discursos aguarda un espacio para volver a vivir, y en esa intención, espera también por una interpretación. Nuestras pinzas deberán ser consecuentes al momento de abordar una obra literaria en particular: las obras se convierten en cedazos que permiten ver, a manera de sinécdoque, el todo por las partes.

Para el caso de Nieto Cadena, el espacio donde se despliega la épica de su antipoesía no puede ser otro que el de la ciudad. Este rodeo (no sé si ilustrativo, pero sí necesario para los fines de este texto) me es útil para llegar al punto que enseguida deseo fatigar. En 2014 la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco le publicó al antipoeta ecuatoriano un libro que lleva por título Sobresaturaciones. Dominado de principio a fin por ese lenguaje reincidente que se obstina en exhibirse, tanto como en exhibir las reincidencias de su autor, el libro es de algún modo el testimonio de los arraigos y los desarraigos de éste, de su condición de propio tanto como de extraño, aún años después de asumido el exilio.

Aquí la segunda virtud que encuentro en los libros de Nieto Cadena. No hay título suyo en el que la realidad no asome “las narices”, no hay poemario que escriba en el que no de cuenta de lo que le obsede, de aquello en lo que cree o descree (aunque eso sólo sirva —y sirva precisamente por ello— para mostrar los límites y las limitaciones de su discurso). Frente a la antipoesía del también forjador de talleres literarios en diferentes ciudades de México, el lector debe saber a qué atenerse: no hallará por ningún lado concesiones al que espera encontrar en sus versículos emociones al por mayor, ideas a destajo o posturas francamente edificantes. En cambio, se encontrará con una voz que se regodea en su grandilocuente hijueputez, en su obstinada voluntad por ir a contrapelo de todo (en principio, de lo que se supone que debe entenderse por poesía), en su antirretoricismo coloquial salpicado de aquí y de allá de son, guaracha, rumba y guaguancó, y en su heredada pose de flâneur, siempre ávida de imprescindibles sensaciones callejeras.

En Sobresaturaciones hay variantes en torno al Nieto Cadena que es posible encontrar en libros como los ya lejanos A la muerte a la muerte a la muerte (1973), De buenas a primeras (1976) o Somos asunto de muchísimas personas (1985). Con todo, entre un título y otro, hay un núcleo que pudiéramos denominar procedimental: en todos ellos un fatigoso yo —no por nada Duro con ella, la antología publicada en 2003, también por la UJAT, es una muestra fatigosa de esa antipoesía— se erige en el protagonista del antipoema; la música de lo que acontece (la muerte que sitia nuestros pasos, la historia que traga y que devuelve hacia nosotros el pasmo de las circunstancias, la soledad que como “largo camino” nos acompaña siempre hacia el olvido) campea fragmentariamente en poemas que hacen las veces de collages que se suceden y que vuelven una y otra vez al mismo sitio: al poeta que descarga su voz atronadora contra el mundo. A favor de ese mundo en el que parece haberse instalado —de una vez y para siempre— como outsider.

Escrito desde la convalecencia a la que una persistente diabetes lo obligó hacia finales de 2013,  se diría que Sobresaturaciones es por lo pronto, el libro más tabasqueño de Fernando Nieto Cadena. Como en ningún otro, el poeta ha querido dejar constancia a lo largo de sus páginas de los sitios, las circunstancias, la naturaleza de ese exilio que es tan interior como añoso. Calles, parques, personajes, nombres propios, coyunturas, querencias, nostalgias, trasiegos tienen lugar en esa intermitencia que es el lenguaje poético nietista.

Villahermosa, aquí, ocupa el lugar de honor que antes correspondió a Guayaquil, aunque el poeta ha dicho que en sus sueños esta ciudad confluye en sus orillas con La Habana, con Ciudad de México, con Ciudad del Carmen, donde sus pies se han posado para sentar, en sedentario nomadismo, sus reales. En ese sentido, el libro es un muestrario de querencias tanto como de odios amalgamados. Nieto Cadena conoce mucho —a fuerza de caminarla— de Villahermosa, pero no deja de mirarla con los ojos de ese fuereño que ultimadamente es. Con esos mismos ojos contempla a quienes hemos nacido aquí. Sabe de un modo irrecusable de qué pie cojeamos, de manera que, a la menor provocación, su mirada fustiga, tantas veces de modo razonable, nuestra conformidad con lo que somos o con lo que hemos venido a ser. 

…antes iba al malecón pero hace unos años escondieron peor aún secuestraron la vista del río y no hay malecón a la vista para ver las aguas corrosivas contaminantes de un río sin futuro de un río sin mas destino que irse a disolver en un abrazo mortal con otro río más temperamental más caudaloso en pleno golfo…

…esta ciudad es así me explicaba un viejo maestro universitario uno de esos maestros garridistas camisas rojas fieles convencidos del estudio en la duda acción en la fe esta ciudad es así repitió…sí claro si usted lo dice así debe ser…la ciudad es así porque Guayaquil no es así porque La Habana no es así porque Veracruz no es así porque Ciudad del Carmen no es así porque el resto de ciudades no son así…

…vagabundeo alrededor del barrio donde pernocto desde diciembre del año pasado   no hay mucho que ver   eso que con cierta audacia llaman CICOM…suena bien aunque no haya mucho de investigación     tal vez top secret todo lo que hacen     allá ellos…

Los lectores más o menos informados podemos llegar a Sobresaturaciones y gozar con lo que nos ofrece: una voz que pregona en su ateísmo fervoroso (aproveché pare decirles a ustedes doy las gracias pero a dios hace tiempo le dije adiós), en su nombrar afrocaribe (la vida me sigue gustando caderona rumbeante como es a ratos cursi melancólica…en este infierno de dos donde nos vemos digo nos sentimos ombligo con ombligo cumbe-cumbe gozón) y en su crítica del mundo transido de posmodernidad atropellada (los modernos pasan los contemporáneos permanecemos las modas se diluyen son efímeras). En la gozandera obra del viejo poeta-peatón, soltero empedernido (el amor nada tiene que ver con el matrimonio/ ergo es un desperdicio matrimoniarse…) y rumboso la poesía se extasia en deconstruirse (porque para eso se es poeta: para reducir a cenizas esa acumulación de procedimientos convencionalmente poéticos de los que, tarde o temprano, hay que  librarse).

Nieto Cadena encarna como pocos entre nosotros la defensa de la literatura y de la escritura por encima de cualquier otra cosa. Incluso por encima de una vida como la suya, objeto de presuntos homenajes y entronizaciones en ese Ecuador al que se ha negado, una y otra vez, a regresar. El autor de Si quieren los vuelvo a escribir ha ejercido, a no dudar, una influencia evidente en algunos de sus bienquerientes (lo que éstos leen, lo que escriben, la forma en que han aprendido de él a interpretar lo que acontece parece a veces una mala copia nietista) y, para el caso de Tabasco, sería un acto de desvergüenza negar que desde su denodado magisterio en talleres literarios, en cursos de toda laya alrededor de la literatura y en sus obstinadas publicaciones (poéticas, o no) su llegada a estas tierras ha supuesto para no pocos el arribo a nuevas lecturas y la apertura hacia voces diversas dentro del variopinto espectro de la literatura latinoamericana: pasada, presente y, quizás, futura.

Sobresaturaciones talvez es, al final de cuentas, un claro testimonio de que Nieto Cadena está de vuelta, con más bríos y ganas de joder a ese prójimo, a esa otredad de la que tantas veces se sobresatura. Es también un reencuentro de su autor con mucho de lo que ha leído y escrito —reescrito y releído— a lo largo de sus últimos fatigantes y obstinados años. 

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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