Diario peligroso. Día 77.

Me pregunto si es real toda esa gente que mendiga en los cruceros y en los bulevares de Villahermosa; si son reales todos esos migrantes hondureños, guatemaltecos y salvadoreños que se acercan a uno con la tarjeta de identificación oficial de su país para pedir una moneda, una mísera moneda que quién sabe para qué les alcance.

Me pregunto por lo que tuvo que pasar en su vida para venir a una tierra hostil, plagada de peligros como la nuestra; sin ninguna casa a la cual llegar, sin amigos, sin un trabajo al cual dedicarse. Es un ejército de migrantes el que todos los días toma por asalto esas avenidas para exponer su pena —al exponer su rostro y alargar la mano— a quienes, como yo, los miramos desde la condescendencia, que quizá no sea sino otra forma de la incomprensión.

El otro día una mujer cargaba en sus brazos a una niñita mientras se acercaba uno a uno a los vehículos estacionados en la larga hilera que se forma —mientras los semáforos cambian de luces— en el cruce de Ruiz Cortines con Paseo Tabasco. Era una mujer negra, como negra era también la niña. Se acercó a mi vehículo para pedir la ayuda que otros conductores le habían dado (enternecidos de seguro, como yo, por la escena que ofrecían madre e hija ahí en plena avenida) y, magnánimo, dispuesto a satisfacer el hambre de condescendencia que se asomó por un instante en esa voluntad antojadiza que a veces me domina, le extendí una moneda.

Pero esa acción en mí no es la regla. La regla para mí es mirarlos desde el “pobrecitos”, desde la pregunta “¿de dónde vienes?” que intenta justificar una dádiva mísera, pero sin comprender en realidad lo que ocurre. Me pregunto si es real tanto sufrimiento. Me pregunto si soy real yo. 

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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