El saldo neoliberal: Ensayos sobre economía mexicana, de David Ibarra

A tres décadas de la implementación de las políticas económicas neoliberales en México, después de su influjo —nefasto y grosero, según una amplísima cantidad de voces— en la vida institucional y política de casi todos los países de América Latina, hay razones suficientes para desconfiar de una salida razonable y duradera del problema que supone el rezago económico del país en el futuro inmediato.

Como proyecto opuesto a los planteamientos nacionalistas y populares nacidos de la revolución mexicana, el neoliberalismo corresponde a un diagnóstico del sistema económico, según lo entienden las cúspides del capital financiero y transnacional. En el caso particular de nuestra historia reciente, la égida neoliberal tuvo como preposición la de que podían satisfacerse intereses de largo plazo si la economía mexicana conseguía construir un sistema global de mutua complementación con la economía estadounidense, la más poderosa y dinámica del planeta.

David Ibarra, Ensayos sobre economía mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 2005, 443 pp.

Las teorías neoclásicas y monetaristas que fundamentan al proyecto neoliberal normarían, por otro lado, las políticas económicas puestas en práctica por los gobiernos mexicanos; de ese modo, un problema como la inflación —el problema monetario por excelencia— sólo podría combatirse con equilibrios básicos entre la oferta y la demanda.

La liberalización de los mercados, basada a su vez en la teoría de los costos comparativos de David Ricardo —conforme a la cual los países deberían especializarse en producir aquellos bienes y servicios para los que están mejor capacitados, importando aquello en lo que no son aptos— contribuiría, por la vía de la especialización, con una estrategia de depuración industrial prometida.

¿Hasta dónde las reformas adoptadas en el país desde principios de la década de los ochenta han conseguido arribar a los escenarios previstos por el proyecto neoliberal? ¿Hasta dónde la voluntad reformadora se ha traducido en la consolidación de México como país moderno, montado en el inexorable tren globalizador?

Secretario de Hacienda en tiempos del presidente López Portillo y economista alineado con ese diagnóstico de la realidad socioeconómica latinoamericana que constituyen los planteamientos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), encabezada en 1948 por el argentino Raúl Prebish, David Ibarra expone en un conjunto de ensayos integrados en un volumen acucioso su visión respecto al curso que ha adoptado en los últimos años el modelo de crecimiento económico en México.

Para Ibarra, las reformas introducidas en el país a partir del nuevo esquema de crecimiento “hacia fuera”, inaugurado formalmente en 1986 con el ingreso del país al entonces vigente Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y con el gradual desmantelamiento del Estado como promotor del desarrollo, han dado lugar a por lo menos tres grandes consecuencias.

Por un lado, a la continuidad de una pauta de crecimiento que ha conducido al país al retroceso económico y a la lejanía del Estado respecto a las demandas sociales y políticas; por otro, a la existencia de un entramado institucional que no acaba de sustituir al acotado poder presidencial en su calidad de árbitro y conductor de los procesos políticos. La liberalización del sistema financiero, asimismo, ha traído como resultado la extranjerización de una banca desvinculada progresivamente del sector productivo, con la disminución real del crédito y la menor participación de la banca de desarrollos resultantes.

De ese modo, en México “los cambios se han centrado en crear las instituciones estabilizadoras de los mercados abiertos” (p.17), donde gobiernos reformistas han adoptado sin más los dictados que organismos internacionales como el Banco Mundial, el Consenso de Washington y el FMI imponen como condicionantes para el acceso a los flujos de financiamiento, cada vez con más fuerza disputados por los países “periféricos”. Lo draconiano de las reformas neoliberales —afirma Ibarra— llega tarde o temprano a escindir el mercado interno de los países entre sectores modernos y tradicionales, entre el sector real y el sector financiero, entre empleados en sectores de muy alta tecnología y el gran número de autoempleados en la informalidad.

Bajo las nuevas reglas que imponen las reformas son inadmisibles el proteccionismo industrial, los subsidios y los déficits  —privativos de los países desarrollados que reservan para sí el derecho de aplicar políticas anticíclicas contra las crisis cambiarias y los procesos inflacionarios—, alentándose así el crecimiento derivado eventualmente de las bondades de la globalización, pero inhibiendo la dinámica propia de los mercados domésticos.

En un contexto nacional en que la reforma del Estado debiera contemplar la necesaria conciliación entre la política y la economía —el retorno a esa economía política como disciplina que ocupara a Smith, Marx, Stuart Mill, y a tantos otros pensadores—, la democratización de la política económica implica, en opinión de Ibarra, la reestructuración del sistema financiero astringente, la responsabilidad del Banco de México de promover la estabilidad —con crecimiento— y la modernización de las redes de seguridad social.

Ante el resquebrajamiento de intereses que ha supuesto la integración acelerada al exterior, la conformación de órganos de mediación política —a la manera de algunos países europeos— integrados por empresarios, trabajadores y gobierno constituirían verdaderas instituciones de “alivio y respaldo” a los poderes Ejecutivo y Legislativo, en un escenario de vacío institucional generado por la erosión del presidencialismo.

Cabría preguntarse si la visión de alguien como Ibarra, actor importante en un período en que la expansión económica se prefirió a costa de la preservación de futuros equilibrios macroeconómicos, tendrá validez en un entorno en que los gobiernos pierden autonomía en lo que respecta a la puesta en marcha de políticas económicas específicas.

Coincidentes, en lo fundamental, con lo que fueron los dos grandes postulados de la CEPAL de la primera etapa —la crítica a la teoría de la división internacional del trabajo sostenida por los países del “centro” y los términos de intercambio del proceso industrial con un gran énfasis en el comercio exterior— las ideas de Ibarra objetan lo sobado de la ortodoxia y los slogans que predominan en la teoría económica de la globalización, para favorecer el fortalecimiento de un mercado interno que estimule a la desarticulada economía de México.

Si ya los llamados economistas del estructuralismo latinoamericano —como se denominó al grupo que a partir de los años cuarenta  integró el propio Prebish junto con estudiosos de la talla de Juan F. Noyola, Aníbal Pinto, Osvaldo Sunkel, y Celso Furtado— advirtieron del riesgo de un crecimiento “hacia adentro”, incapaz de soportar un proceso eficaz de sustitución de importaciones, Ibarra advierte de los riesgos latentes tras una economía con exportaciones insuficientemente diversificadas y con un bajo contenido tecnológico.

La solución para México pasa, así, necesariamente por la corrección de anomalías e ineficiencias en su comercio internacional, en los flujos exteriores de financiamiento y en la naturaleza de las inversiones extranjeras. Como los economistas poskeynesianos que empapados de la ortodoxia desconfiaban del paradigma de la “mano invisible”, Ibarra también sabe que no hay salida posible del atraso sin esa imprescindible modificación a una estructura social rígida, por la que sólo ciertos estratos acceden a la “cosa pública” y a los privilegios distributivos.

Quizá ése sea el verdadero gran desafío mexicano para las próximas décadas. Quizá esa sea la gran tarea si se cree que “el desarrollo no resulta simplemente del esfuerzo exógeno de la globalización, sino de  fuerzas endógenas de nuestra manufactura.”

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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