Inventario secreto de La Habana, de Abilio Estévez.

Como una gozosa colección de estampas sobre La Habana puede leerse este libro de Abilio Estévez (La Habana, 1954) que recorre la ciudad desde sus recuerdos, desde el exilio y desde la añoranza.

Lo hace citando una serie de fragmentos de textos de autores que han escrito sobre la capital cubana (Humboldt, Piñera, Anäis Nin, Eça de Queiroz, Vicente Blasco Ibáñez, Wallace Stevens, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Alejo Carpentier, Eliseo Diego, Luis Cernuda, María Zambrano, Graham Greene, Gastón Baquero, Ernest Hewingway, Lezama Lima, Fayad Jamís, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Arturo Arango, Leonardo Padura, Eliseo Alberto) y recurriendo a la historia, al mito, a la idiosincracia del cubano.

Abilio Estévez, Inventario secreto de La Habana, España, Tusquets Editores, 2004, 352 pp.

Abilio Estévez, Inventario secreto de La Habana, España, Tusquets Editores, 2004, 352 pp.

Se habla aquí, entre otras cosas, del mar, del malecón, de la fundación de la ciudad, de personajes célebres que vivieron o frecuentaron parajes habaneros, de personajes anónimos que no merecen el olvido, del impacto de la revolución en la vida de todos, de los balseros, de la dolorosa diáspora, del choteo, de los habaneros extranjerizados, del demonio de la espera que representa “La Giraldilla” y que contagió a los habitantes de la isla, de la infancia rememorada, de los amores primeros, de la música y los músicos legendarios de la rítmica isla, de la Bauta tan alejada y próxima en la que nació el autor, de su ascendencia (pequeña y modestísima), de la luz y la extrañeza de ser cubano, de las alegres calles habaneras, de su bullangería, de sus edificios emblemáticos, de su nostalgia, de sus majestuosas avenidas, de su vida nocturna en tiempos de la gran afluencia estadounidense, de sus artistas y conocedores exquisitos, de la calle Trocadero y el magisterio de Lezama Lima, de José Rodríguez Feo y Virgilio Piñera (putos maravillosos), de sus exquisitas construcciones aristocráticas, de la finca de Hemingway, del ambiente gay de La Habana, de Dulce Maria Loynaz, del “No es fácil”, del “Aquí, escapando”, de lo “pajareros” (igualados) que son los habaneros, del “asssuca” de Celia Cruz, de La Habana y su literatura, de Julián del Casal, de los poetas, de Regla y su virgen, de los cementerios de la ciudad y su compleja relación con el autor, de su exilio trashumante por distintos países, del “bosque de los ahorcados” (tan provocador y lleno de peligros), de sus intenciones de escribir un libro de viajes para acabar escribiendo uno de pasiones, terrores y emociones, de su homosexualidad admitida a partir de la endiablada sensualidad de la ciudad y, finalmente, del trompetista de Sttutgart (habanero como el autor, pero enardecido desertor). El libro se nutre de algunos títulos y testimonios que resultan indispensables para entender su génesis y su arquitectura.

Algunas citas:

“La Habana no es, pues, una ciudad caribeña, al modo, por ejemplo, de Cartagena de Indias, Kingston, Santo Domingo o Saint John. ¿No se han dado cuenta de que La Habana no mira al sur sino al norte?”

“No hay que ganar el cielo para gozarlo / dos cuerpos en el platanal valen tanto / como la primera pareja”…(Virgilio Piñera, La isla en peso)…

“Leer es un acto de una grandeza suprema. Mucho mas deleitoso que vivir”…

“Sospecho que si bien se mira, debe de ser una suerte extraordinaria carecer de pedigrí. No sólo por el pesado fardo que quita de encima, sino además por el delicioso carácter adánico que confiere. Carecer de historia, de una larga historia, provoca una maravillosa sensación de libertad…”.

“…tener un techo y unas paredes ante el sol, la noche, la lluvia y las miradas ajenas, siempre ha sido la riqueza mayor…”.

“Calles, sobre todo, ‘vivientes’. Muy vivientes. Que también quiere decir ‘sufrientes’ o ‘agonizantes’. Como es consustancial a todo lo que vive”.

“…Porque el habanero ha aprendido a apurarse con calma. Y es que en La Habana el tiempo avanza detenido, o no avanza. Somos quizá nosotros quienes intentamos deslizarnos por un inexorable muro de tiempo estancado…No es sabiduría, sino desgana. No es comprensión, sino indiferencia.”

“…para decirlo con frase lezamiana, ‘recibía ofrenda de varon’…”

“Virgilio Piñera era un pobre de solemnidad…”

“Querer huir, pero, al parecer, estar preparado sólo para la huida mentirosa, la falsa y en el fondo más legítima huida de la poesía. Al parecer, no siempre exilio, destierro y lejanía son sinónimos de partida.” (A propósito del peregrino inmóvil que era Lezama Lima)

“Es lógico que un hombre de esta delicadeza terminara frente a un pelotón de fusilamiento. Los hombres nunca han perdonado la exquisitez” (Sobre Juan Clemente Zenea).

“…Ya lo dijo Unamuno: ‘Somos,  colectivamente, unos envidiosos; lo somos nosotros, los hispanos de aquende el Atlántico; lo sois vosotros, los de allende‘”

“En este país cualquiera se arranca un ojo por ver al otro ciego.”

“A los dictadores de verdad, a los auténticos autócratas, no les interesa el lujo, ya se sabe, sino algo más sólido, el poder, y está claro que no aman la vida sino la muerte, por insólito que parezca. Y qué es el lujo para un hombre que ama la muerte propia y la ajena, sobre todo la ajena. ¿Qué es el lujo para un tanático?”

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Francisco Payró

Macultepec, Tabasco, 1975. Economista y escritor. Autor de los libros de poesía "Bajo el signo del relámpago" y "Todo está escrito en otra parte", así como del conjunto de ensayos "Tradición y búsqueda en el trópico: ensayos sobre poesía tabasqueña contemporánea".

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